Sentimientos y Emociones

¿Cómo manejar la ira a la manera de Dios ?


¿Cómo manejar la ira a la manera de Dios ?

Todos pasamos por momentos de ira o enojo, pero ¿cuál es la diferencia entre ellos?

El enojo es ese sentimiento desagradable que experimentamos cuando nos sentimos amenazados y atropellados por las palabras, las acciones o las actitudes de otros. La ira, sin embargo, es una emoción compuesta por un conjunto de sentimientos negativos, que puede conllevar a actos de violencia.

Por lo general, el enojo se nos pasa. Nos da coraje por un periodo corto de tiempo pero luego lo olvidamos y seguimos hacia adelante con nuestra vida. Son malos ratos que todos pasamos y que no pasan de ahí, a menos que seas una persona rencorosa.

El rencor crea resentimiento hacia la persona o personas que te ofendieron ó te hicieron daño. El problema del rencor es que persiste en el tiempo.

Cuando hemos sido dañados, hemos crecido en un ambiente no favorable, cuando la vida nos ha dado duro nuestro corazón esta herido y cada ofensa, cada crítica, cada atropello se acumula con el tiempo hasta crear una vorágine. Esa rabia que nos crea se convierte en una ira desenfrenada cada vez que vuelven a herirnos.

Yo lo viví. Durante 40 años el dolor que arrastraba abrió paso a una vida llena de ira. Detestaba a todos lo que me herían. No podia controlar la ira, mucho menos la impotencia que sentía al no poder hacer nada para controlarla. La ira se había convertido en parte de mi personalidad. Reaccionaba con ira para todo a la vez que dañaba a todos los que amaba.

Los peores sentimientos y los más desajustados pensamientos pasaban por mi cabeza al momento de explotar. Me quedaba ciega de la ira a tal punto que no me daba cuenta de lo que hacia.

Aún después de conocer al Señor tenia episodios de ira incontrolables. Fui a psicólogos, a varios, pero no había nada que pudieran hacer o me pudieran medicar que quitara de mi la ira. Lo peor de todo es que ni yo misma entendía porque era así, porque reaccionaba así. Ni siquiera sabia identificar que detonaba mi explosiones de ira.

Identificarlos fue el primer paso hacia la sanidad. Pero no fue todo. Desmantelar la tela de araña que envolvía mi vida, mis sentimientos y emociones no fue fácil. Comprendí que era hora de dejar trabajar al Señor en mi vida para que hiciera una transformación total en mi. Nunca antes había dado este testimonio de mi vida, pero hoy, por primera vez, puedo testificar que Dios me sanó de la ira.

Nunca más he tenido un episodio de ira. Ni siquiera me enojo con facilidad, pero ha sido un largo camino donde tuve que aprender a depender solo de Él y confiar plenamente en su poder para ser sanada. Aún trabaja conmigo porque no soy perfecta. Siempre hay algo que mejorar y cambiar, pero doy fe del poder de Dios para cambiar vidas.

Lo que hice para manejar la ira a la manera de Dios

1. Reconocer que necesitaba la intervención de Dios – Lo primero que hice fue entender que yo sola no podía cambiar mi panorama. Necesitaba la intervención divina de Dios para lograrlo.

2. Oré – Una vez entendí que tenia que someterme a Dios para que el hiciera su parte, yo me comprometí a hacer la mía: orar. Sin oración no hay acción. Dios nos dice en Su Palabra que si le pedimos algo conforme a su voluntad, él nos escucha. 1 Juan 5:14. Orar nos ayuda a activar nuestra fe, la cual es necesaria para que Dios obre de manera milagrosa. Mateo 17:20

3. Ayuné– Otra de las cosas importantes que hice para provocar el poder sobrenatural de Dios fue ayunar. Ayunar somete la carne al Espíritu, por lo que orar y ayunar al mismo tiempo mueve las esferas celestiales a nuestro favor. Dios nos dice en su Palabra que hay una clase de género (demonios, espíritus malos) que solo salen con oración y ayuno, por tal razón, al ver que solamente orando no era suficiente comencé a ayunar. Marcos 9:29

4. Clamé- Sí, no solo oré y ayuné sino que clamé a Dios de rodillas para que me sanara de la ira y no me puse de pie hasta que lo hiciera. El Señor nos dice en su Palabra que clamemos para ver cosas nunca antes vistas. Jeremías 33:3. Y así como Jacob reclamó a Dios su bendición en Génesis 32:22-28, así mismo yo también permanecí hasta recibir la mía. Dios me sanó. Sanó mi corazón, sanó mis heridas, mi ira y mi vida entera. Desde ese momento mi vida cambió totalmente.

Seis versículos que te ayudarán a manejar la ira a la manera de Dios.

Efesios 4:26 “Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo”

Efesios 4:31 “Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia.”

Efesios 4:32 “Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo.“

Santiago 1:19 “Por esto, mis amados hermanos, todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse;”

Proverbios 22:24-25 “No te entremetas con el iracundo, Ni te acompañes con el hombre de enojos, No sea que aprendas sus maneras,
Y tomes lazo para tu alma.”

Proverbios 19:11 “La cordura del hombre detiene su furor, Y su honra es pasar por alto la ofensa.”

Si estas experimentando periodos de ira, rencor, odio, no lo dejes acumular, busca ayuda. Siempre es bueno el consejo médico. También, puedes buscar la ayuda de un consejero cristiano, un mentor, pastor, sacerdote o alguien con un conocimiento mayor y sabiduría para que te ayude, ore contigo y te guíe.

Recuerda que tanto tu salud física como la emocional y espiritual son importantes y requieren de compromiso y responsabilidad.

Mientras buscas ayuda trata diferentes maneras de controlar la ira, como por ejemplo hacer ejercicios para mantener tu mente ocupada, reflexionar en las cosas que pudieran ser detonantes de tu ira, usar el humor para disipar el enojo, practicar técnicas de relajación, pensar antes de hablar, expresar tu ira hablándola para no darle poder y finalmente identificar soluciones para erradicarla.


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